MEMORIA DE UNA SILLA Y DOS RIADAS (Artículo de Lucía Pelacho López)

Se cumplen justo dos años desde la fatídica DANA que asoló Valencia en 2024. Dos años, dos riadas y una silla. Una silla de la localidad valenciana de Aldaia, una de las más afectadas por tan destructivo fenómeno meteorológico. Y dos riadas sufridas por la misma silla, la primera acaecida en 1957 con el desbordamiento del río Turia y el barranco de la Saleta cercano a Aldaia, y la segunda, la reciente inundación como consecuencia de la DANA en 2024. Misma silla, misma ubicación, misma propiedad y semejante catástrofe. Pero la silla de Carmen, su propietaria, ha sobrevivido durante décadas a éstas y otras vicisitudes.

La silla antes de la restauración

Se trata de un asiento de madera curvada y torneada perteneciente a la enorme producción de mueble curvado que hubo en Valencia por influencia de la industria austrohúngara, desde finales del siglo XIX hasta bien entrado el siglo XX. Reproduce fielmente el modelo 57 de D.G. Fischel que aparece en su catálogo de 1889. Fabricantes locales como Salvador Albacar, o Ventura Feliu, entre otros, la fabricaron con idéntica numeración en sus catálogos de 1911 y 1924, respectivamente.

Pero ¿por qué nos interesa? Además de constituir un testimonio de dicho momento de desarrollo industrial en tierras valencianas, esta silla ha sido una de la piezas damnificadas y seleccionadas por el proyecto “Memorias y Patrimonios personales” (https://patrimoniospersonales.es/) impulsado y desarrollado por ACRE (Asociación de Conservadores Restauradores de España) durante los años 25-26 y actual Premio nacional de Restauración y Conservación de bienes culturales 2026 otorgado por el Ministerio de Cultura   (https://www.cultura.gob.es/actualidad/2026/10/261016-premio-nacional-restauracion.html ). El proyecto tuvo como objetivo la colaboración en la recuperación de bienes personales con carácter cultural y con alto índice de riesgo como consecuencia de la acción de la DANA.

La selección de esta pieza respondió al conjunto de valores que albergaba: valor de antigüedad, por su cronología centenaria, valor etnológico, por su significación en el modo de vida de la incipiente burguesía valenciana de principios del siglo XX, valor testimonial como evidencia de la modernización de la industria, pasando del taller artesanal a la producción seriada,  y también valor simbólico como icono de la resistencia de un pueblo que se sobrepone tras haber sobrevivido a dos graves catástrofes.

La silla restaurada

Y, por último, y como asunto para la reflexión, también podemos hablar de dos momentos. Dos momentos posteriores a las dos riadas en los que se tomó la decisión de salvaguardar la silla de Carmen. Sesenta años separan ambos momentos en los que se han sucedido continuos avances metodológicos y un gran progreso en el estudio del patrimonio, la teoría y deontología profesional que rige la Conservación-restauración. Debemos preguntarnos sobre la motivación, criterios y métodos que marcaron la restauración en los años sesenta del siglo XX y la última de los años veinte del siglo XXI.

La silla presentaba un recubrimiento de laca sintética, aspecto que pudiera haber creado dudas respeto a su datación. Sin embargo, Carmen conservaba también una fotografía de época en la que aparecía su abuela sentada en dicho asiento, lo que confirmaba su cronología centenaria, documento gráfico que también fue incorporado al proyecto para su recuperación.

Fotografía familiar

Para la reciente restauración se contempló una serie de pautas inauditas sesenta años atrás. La aplicación de técnicas respetuosas con la materialidad original de la pieza, con la pátina del tiempo o con los valores socioculturales de la obra, puede parecer algo completamente obvio si nos referimos a la restauración de otra tipología de bienes como la pintura o la arquitectura. Sin embargo, es llamativo comprobar como en el ámbito del mobiliario todavía perduran concepciones y prácticas obsoletas donde la recuperación funcional y estética son dominantes frente a prácticas más respetuosas y acordes a los estándares de la actual teoría contemporánea de la restauración.

Esta diferencia de criterio, mediante el estudio de la silla de Carmen, evidencia cómo la conceptualización consensuada de un objeto y su estatus legal condicionan, de manera definitiva, su estrategia de gestión y conservación en cada contexto temporal. La valoración cultural y conservación de esta silla bajo criterios éticos han permitido trascender su consideración como mero asiento para convertirse en testimonio histórico del tejido sociocultural de un pueblo y también en icono de la capacidad de resiliencia de su comunidad.

Lucía Pelacho López

Gestión y Conservación de Patrimonio cultural.

Vicepresidenta de ADECM (Asociación per a la Difusió, Estudi i Conservació del Moble)

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